De nada sirve mentirse a uno mismo....

Finalmente uno como que pierde el rumbo y comienza a actuar al margen de tus limites. Te conviertes en otro y empiezas a hacer cosas que antes no hiciste. Y no importa el motivo, el tema es que uno a ratos ve como una posibilidad cierta la reconstrucción en todas sus aristas, es como un volver a empezar. Pero, avanzando camino en estas lides te das cuentas que no puedes o no te sientes cómodo o lisa y llanamente no va contigo.

Y ahí vuelves a cero y comienzas a sopesar los pro y los contras de la re-invención. Y, generalmente, son más los contras. Esto, porque uno por más que quiera, no puede contra largos años de construcción de lo que eres. Nadie puede borrar de un plumazo todo lo anterior. Entonces quieres volver a ser lo que eras, pero ya es muy tarde. Llegas a un punto muerto entre lo que eras y lo que querías ser, como un punto de inflexión en la nada.

Así, no me acerco a nada, ni me alejo de nada tampoco. Equidistante entre el pasado y el presente, caminas dos adelante y retrocedes tres. El eterno retorno. La inercia de lo que eramos y nos gustaba ser nos atrae, pero también lo oculto tras la fachada nueva nos invita a un mundo inexplorado. Punto muerto.

Como estoy convencido de que no seré lo que nunca fui, creo que terminé donde todo comenzó. El final será donde partí, pero como todos los finales, tendré nuevos elementos. . Esa es la reinvención. El resto... el resto es música (pero de la buena) .


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