Mostrando entradas con la etiqueta libros que evocan..... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros que evocan..... Mostrar todas las entradas

(Alta) Fidelidad

Muchos de ustedes, amables e inexistentes contertulios, sabrán que unas de mis películas favoritas es "High Fidelity", basada en el libro de Nick Hornby llamado "High Fidelity". El tema es que tengo el libro y el DVD y no paro de verla y revisar el libro.

Una amiga, ex lectora de este poco amigable pasquín, alguna vez me decía que en si la película es bastante masculina, no en el sentido de tipos corriendo en autos ni matando gentes rodeados de niñas curvilíneas, sino más bien en el acercamiento al rompimiento de una relación. Y yo creo que es verdad. Muchas veces he pensando que a mi me paso todo (o casi todo) lo que le ocurre a Rob Gordon en la peli o a Rob Fleming en el libro. Y uno se siente medio identificado y al final cae en una dialéctica con el libro y la peli y ya no sabe si haces las cosas que haces porque viste el film o porque viste el film haces las cosas que haces (si, esto es una copia de la frase de Gordon sobre la música "yo no se si estoy triste porque escucho música pop o escucho música pop porque estoy triste").

En fin, toda esta introducción solamente para presentarles una escena que me refleja en los últimos meses, días, horas. Y digo yo, que levante la mano (modo americo off) el que alguna vez no se haya pasado el rollo de su pareja o ex pareja teniendo "el mejor sexo de su vida con otra persona.... en tu mente". Y es que uno a veces se psicopatea más de la cuenta con las rupturas y todo eso, y entonces empiezas a imaginar cosas que en realidad no te hacen bien. A ciencia cierta, creo que uno debiese poder a ratos suprimir la imaginación para así poder evitar estas cosas.

De todas maneras la escena es más cómica que trágica (cuestiones del cine pues) y de verdad la miro y la miro y pienso que si, que esto me ha pasado más de una vez y es mucho más perturbador que cómico, es mucho más triste que alegre. Pero sucede, o al menos a mi y a un par de socitos que conozco también.

En fin, los dejo con la escena (la cual me costo encontrar en youtube, por lo cual solo encontre una versión doblada al ezpañolizimo), pero creo que vale la pena verla.


Gomez Palacio

"Por las noches me costaba dormir. Tenía pesadillas. Antes de meterme en la cama me aseguraba de que las puertas y las ventanas de mi habitación estuvieran herméticamente cerradas. Se me secaba la boca y la única solución era beber agua. Me levantaba continuamente e iba al baño a llenarme el vaso con agua. Ya que estaba levantado aprovechaba para comprobar una vez más si había cerrado bien la puerta y las ventanas. A veces me olvidaba de mis aprensiones y me quedaba junto a la ventana observando el desierto de noche. Luego volvía a la cama y cerraba los ojos, pero como había bebido tanta agua no tardaba en levantarme de nuevo, esta vez para orinar. Y ya que me había levantado volvía a comprobar las cerraduras de la habitación y volvía a quedarme quieto escuchando los ruidos lejanos del desierto (motores en sordina, coches que iban hacia el norte o hacia el sur) o mirando la noche a través de la ventana. Hasta que amanecía y entonces por fin podía dormir algunas horas seguidas, dos o tres como mucho."
(Bolaño, Putas Asesinas 2001)

Fobias

"... Hay cosas más raras que la sacrofobia, dijo Elvira Campos, sobre todo si tenemos en cuenta que estamos en México y que aquí la religión siempre ha sido un problema, de hecho, yo diría que todos los mexicanos, en el fondo, padecemos de sacrofobia. Piensa, por ejemplo, en un miedo clásico, la gefidrofobia. Es algo que padecen muchas personas. ¿Qué es la gefidrofobia?, dijo Juan de Dios Martínez. Es el miedo a cruzar puentes. Es cierto, yo conocí a un tipo, bueno, en realidad era un niño, que siempre que cruzaba un puente temía que éste se cayera, así que los cruzaba corriendo, lo cual resultaba mucho más peligroso. Es un clásico [...]. Otro clásico: la claustrofobia. Miedo a los espacios cerrados. Y otro más: la agorafobia. Miedo a los espacios abiertos [...]. Otro clásico más: la necrofobia. Miedo a los muertos, dijo Juan de Dios Martínez, he conocido gente así. Si trabajas como policía resulta un lastre. También está la hematofobia, miedo a la sangre. Muy cierto, dijo Juan de Dios Martínez. Y la pecatofobia, miedo a cometer pecados. Pero luego hay otros miedos que son más raros. Por ejemplo, la clinofobia. ¿Sabes qué es? Ni idea, dijo Juan de Dios Martínez. Miedo a las camas. ¿Puede alguien tener miedo o aversión a una cama? Pues sí, hay gente que sí. Pero esto se puede atenuar durmiendo en el suelo y no entrando jamás a un dormitorio. Y luego está la tricofobia, que es el miedo al pelo. Un poco más complicado, ¿verdad? Complicadísimo. Hay casos de tricofobia que acaban en suicidio. Y también está la verbofobia, que es el miedo a las palabras. En ese caso lo mejor es quedarse callado, dijo Juan de Dios Martínez. Es un poco más complicado que eso, porque las palabras están en todas partes, incluso en el silencio, que nunca es un silencio total, ¿verdad? Y luego tenemos la vestiofobia, que es el miedo a la ropa. Parece raro pero está mucho más extendido de lo que parece. Y uno relativamente común: la iatrofobia, que es el miedo a los médicos. O la ginefobia, que es el miedo a la mujer y que lo padecen, naturalmente, sólo los hombres [...]. Luego hay dos miedos que en el fondo son muy románticos: la ombrofobia y la talasofobia, que son, respectivamente, el miedo a la lluvia y el miedo al mar. Y otros dos que también tienen algo de románticos: la antofobia, que es el miedo a las flores y la dendrofobia, que es el miedo a los árboles. Algunos mexicanos padecen ginefobia, dijo Juan de Dios Martínez, pero no todos, no sea usted alarmista. ¿Qué cree usted que es la optofobia?, dijo la directora. Opto, opto, algo relacionado con los ojos, híjole, ¿miedo a los ojos? Aún peor miedo a abrir los ojos. En sentido figurado, eso contesta lo que me acaba de decir sobre la ginefobia. En sentido literal, produce trastornos violentos, pérdidas de conocimiento, alucinaciones visuales y auditivas y un comportamiento, por lo general, agresivo [...]. Luego tenemos, por supuesto, la pedifobia, que es el miedo a los niños, y la balistofobia, que es el miedo a las balas [...]. Y otra fobia, ésta en aumento, es la tropofobia, que es el miedo a cambiar de situación o lugar. Que se puede agravar si la tropofobia deviene agirofobia, que es el miedo a las calles o a cruzar una calle. Sin olvidarnos de la cromofobia, que es el miedo a ciertos colores, o la nicrofobia, que es el miedo a la noche, o la ergofobia, que es el miedo al trabajo. Un miedo muy extendido es la decidofobia, que es el miedo a tomar decisiones. Y un miedo que empieza recién a extenderse es la antropofobia, que es el miedo a la gente. Algunos indios padecen de forma muy acentuada la astrofobia, que es el miedo a los fenómenos meteorológicos, como truenos, rayos, relámpagos. Pero las peores fobias, a mi entender, son la pantofobia, que es tenerle miedo a todo, y la fobofobia, que es el miedo a los propios miedos. ¿Si usted tuviera que sufrir una de las dos, cuál elegiría?".


(2666, La parte de los Crimenes, Roberto Bolaño)


El pasado

Alguien ha pensando en las consecuencias catastróficas que tendría la real existencia de una célula terrorista llamada "Mujeres que Aman Demasiado", las cuales, mediante actos que generan terror, se dedican a hacer recordar de su existencia a sus ex parejas.

"Mujeres que Aman Demasiado" es una agrupación ficiticia (por suerte) que figura en el libro "El Pasado" del Alan Pauls. Dicha agrupación, liderada por Sofía, protagonista del la novela, se dedica a recordarle de mala forma a sus parejas que ellas existen, que en el amor no hay pasado, que el recuerdo imborrable de dicha sensanción siempre estará. Y pobre del que intente olvidar pues ahí estará Sofìa y sus amigas (despechadas, desdichadas, ancladas en el pasado) para hacer recordar.

Sin duda la metáfora relata la tesis de que en el amor no existe olvido y, paradojalmente con el titulo del libro, tampoco existe pasado. O sea está, pero este aparece constantemente en nuestro presente para fundirse con este, para no olvidar nunca, para no dejar atrás. Se trata de un amor poco sano, que arrastra y hunde... una tragedia a todas luces.

En fin, solo quería comentar la sensación que me dejo la novela, altamente recomendable, para ver como no se debe terminar una relación. No recuerdo si fue en el texto o en una entrevista al escritor, se explica que el termino de la relación entre los protagonistas es debido a que la relación es perfecta, tan perfecta como una obra de arte, y como tal solo debe ser apreciada, no vivida. Bueno, tambien tiene tintes de humor negro, muy negro.

Alta Fidelidad

"Me empieza a rondar la idea de que es importante tener algo en marcha en otra parte, ya sea en casa o en el trabajo; si no, no haces más que aguantar el tirón de mala manera. Si viviese en Bosnia, estar sin novia no me parecería lo más importante del mundo. Aquí sí que lo es. Te hace falta todo el lastre que puedas reunir para que no se te lleve la corriente; te hace falta gente a tu alrededor, que pasen cosas; si no, la vida parece una pelicula cuyo presupuesto se ha agotado, cuando ya no quedan platós, exteriores, actores, técnicos, y no hay más que un solo tipo que mira por el visor de la cámara sin nada mejor que hacer, sin nadie con quien hablar. ¿Quien se iba a creer a ese personaje? Tengo que conseguir más cosas, lo que sea; tengo que meter en mi vida más historias, más detalles, porque corro el riesgo de caerme por un precipicio."

Rob Fleming (Alta Fidelidad, Nick Hornby, pag. 91)

El Pasado

Cerramos y volvemos a empezar pero no podemos. De extrañas maneras el pasado se hacer presente y me impide seguir adelante. Es como una carga, tediosa a ratos, la cual me he visto obligado a sostener durante largo rato y me intento deshacer de ella, a veces de manera consiente las menos inconsientemente, pero vuelve a aparecer. Es como en los sueños, o mejor dicho como una pesadilla, donde de manera extraña eliminas algo y luego aparece en los lugares más insólito.

Es como Sofía en un libro, donde aparece y desaparece, pero no es Sofía, sino que es el pasado. De ahí el nombre. Por supuesto desvarío y pienso en la amnesia como una analgésico real. Pero no se puede. Es tan irreal como lo que me pasa. Tengo mi propia Sofía, vale decir, mi propio pasado, del cual intento desligarme pero no puedo.

Quizás no hay que desligarse, sino más bien convivir y aceptarlo. Aún no llego al final (del libro) pero creo que por ahí va la cosa. Y mi libro seguramente vaya por ese camino. Pero, por lo pronto se me hace imposible convivir con algo que aún no acepto. Pues como en el libro, me dejaron... yo no deje a nadie.

Crimen y Castigo

"Ha perdido usted la confianza en todo y cree que vengo a halagarle con segundas intenciones. ¡Como si hubiera vivido usted mucho! ¡Como si entendiera muy bien lo que es la vida! Ha ideado una teoría y se avergüenza de haber fracasado, de no haber resultado muy original. El resultado ha sido infame, la verdad; pero, a pesar de todo, no es usted un miserable sin esperanza. (...). ¿Sabe en qué concepto le tengo? Le tengo por uno de aquellos que, si encuentran una fe o un Dios, son capaces de mirar sonriendo a los verdugos que les arranquen las entrañas. Bien, pues encuéntrelos y viva. En primer lugar, hace tiempo que necesita usted cambiar de aire. En realidad, el sufrimiento también es una cosa buena. Sufra usted. Quizé tenga razón Mikolka al querer sufrir. Ya sé que no es usted creyente, pero no se haga el listo filosofando; entréguese a la vida francamente, sin razonar. No se intranquilice, la vida le llevará en línea recta a una orilla y le levantará. ¿A qué orilla? ¡Cómo quiere usted que lo sepa! Lo único que creo es que aún ha de vivir usted mucho. (...). Sé que no es creyente, pero le juro que la vida le sacará a flote."

Razkolnikov (Crimen y Castigo, Fiodor Dostoievski)


Pasado

"No quiero hablar con el culpable que confunde vivir con huir, esconderese, de lo que ama (y de lo que lo ama). Quiero hablar (porque lo conozco, porque me conmueve, porque esta antes que todo) con el inocente que a los siete años (tenias siete ¿no?) iluminaba las tardes con su curiosidad y se cubría de polvo los zapatos. Si todavía vive, si todavía esta en algún lado (y yo creo que si, que esta), que golpee tres veces esta foto y yo le voy a abrir la puerta"

Sofía (El Pasado, Alan Pauls. pag. 120)